Del otoño limeño al invierno bogotano

Buscar una foto dentro de mi archivo más viejo para repetirla o recrearla me resultó una tarea muy difícil, a tal punto que, habiendo revisado archivos desde 2004, no encontré nada que pudiera recrear de nuevo. Resulta que me dí cuenta que antes de entrar al curso de fotografía, aparentemente yo no prestaba atención a los objetos o lugares que me rodeaban (a menos que fuera un paseo fuera de la ciudad o país), así que todas mis fotos siempre eran de eventos, como conciertos o ferias, o de personas, que en su mayoría ya no veo hace más de 8 años, así que, y en vista de mi déficit de fotos, decidí ir en pos del archivo de mi papá. Revisé álbumes familiares y de amigos hasta dar con una foto que me fuera medianamente posible de recrear, y éste fue el resultado.

Yo nací el 25 de enero de 1987 en un día de verano en la capital del país que vio nacer el Imperio Inca, Perú. Mi papá, aficionado a la fotografía desde hacía ya muchos años, sólo utilizaba su lente para tomarle fotos a su musa, mi mamá, y a su nueva musita en camino, yo; por eso, una tarde de octubre de 1986, cuando el frío otoñal de Lima apenas y empezaba a desaparecer, mi papá capturó en el tiempo cuando mi mami cumplía seis meses de embarazo. A tan sólo tres meses de mi llegada, mis papás estaban tan entusiasmados como yo de llegar al mundo.

Octubre de 1986
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Mayo de 2013
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27 años después, algunas cosas nunca cambian, el amor de la familia.

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Un oasis en Latinoamérica

Para el fin de año del 2011 mi mejor amiga y yo viajamos a Perú a turistear de medio mochileras por algunos de los lugares más populares de la región. En años anteriores ya habíamos ido a Cuzco y a Machu Picchu así que ésta vez decidimos bajar de las montañas e irnos al desierto. Pasamos por muchos lugares, incluyendo Nazca, Paracas, Caral e Ica, y precisamente ahí, en Ica, nos dijeron que cerca había un oasis, así que sin pensarlo dos veces y armadas cada una de unos buenos zapatos, ropa ligera, una maletica y una cámara compacta (y prácticamente nulos conocimientos de fotografía), nos fuimos al único oasis de Latinoamérica que queda en el desierto de la Huacachina. Es un lugar precioso en donde no sólo la vista es magnífica sino que es un sitio perfecto para practicar deportes extremos, como sandboard y booggies. Como es de esperar, nosotras hicimos todos estos deportes extremos y felices, nos llenamos de arena hasta las orejas. Tomamos fotos y videos de la experiencia pero lastimosamente, en esta salida mi cámara se llevó la peor parte; se llenó de arena por dentro así que para cuando llegó el atardecer en el desierto no pude tomar fotos. Lo bueno es que antes que eso sucediera, ya había llenado casi toda la memoria así que no fue tan triste mi pérdida. Les presento entonces, el desierto de la Huacachina y su oasis.

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Hojas del tiempo

Por alguna razón me he encontrado numerosas veces tomándole fotos a hojas que me encuentro en el suelo. A veces por que me parecen que tienen una forma bonita, otras porque su color me llama la atención o simplemente porque la composición en la que está (suelo y sus alrededores) me atrae, pero si lo pienso más detenidamente, la verdad es que amo cómo la vida se ve reflejada en estas hojas caídas. El tiempo transcurre para todos los seres vivos de este planeta por igual, es decir, hay un ciclo que todos los seres cumplimos; nacemos, estamos rozagantes de vida, luego nos llega la juventud, y aún tenemos mucha vida por delante, maduramos y ya no somos tan activos pero aún estamos con energías, envejecemos, ya no nos queda casi energía y al final la muerte está a un paso… Con las siguientes fotos quería reflejar eso precisamente, el paso del tiempo en las hojas de los árboles, el ciclo de la vida.

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Y cuando todos los tiempos y ciclos se mezclan…

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Oda a los bichitos

Erase una vez una mosca que iba volando sobre un rosal y al dirigir su mirada hacia abajo, vio la rosa más hermosa que había visto en su vida; sin perder tiempo, bajó hasta ella y se posó sobre sus pétalos terciopelo sintiendo alegría en sus patas. La rosa sorprendida quiso sacudirse a la fea mosca, pero ésta se agarró fuerte y empezó a entonar una canción. La rosa se enamoró de la voz acaramelada de la mosca, y desde ese día, la mosca vive entre los pétalos de la rosa más roja y hermosa del rosal…

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Escondidos bajo el seno de una flor, unos zancudos se aman con locura…

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“¿Cómo se verá el mundo cuando se es tan pequeño como una mariquita?”, se preguntó la fotógrafa que a primera vista se enamoró de estos coloridos animalitos. Ella, mientras les tomaba fotos, les componía sonetos y les cantaba a sus nuevos amigos.

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“No puedo ser tan letal como dicen”, alega la abeja mientras succiona toda la miel de las flores que visita.

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